Ayer desperté con ganas de llorar, sin ninguna razón. Me di cuenta de que los muchos días sin ver el sol hacen efecto en el ánimo de las personas. Hacía dos días que no salía a montar bicicleta. Como era domingo, propuse a Frans hacer una caminata por el bosque. El día amaneció descolorido y triste. Llegamos cerca de una laguna en Hilversum donde detrás de un cerro empieza una zona boscosa. El frío era intenso y tuve que cubrirme la cabeza con un chal, como hacen las turcas, y luego subirme el gorro del abrigo. Con un frío terrible y un poco de nieve, sintiendo mis dedos a punto de congelarse, llegamos a la Casa del Té en Laren, en pleno bosque. El local estaba caliente y repleto de caminantes. Nos detuvimos para tomar un té con una torta de manzana. Luego reemprendimos la caminata de regreso. En total recorrimos ocho kilómetros que nos hizo muy bien. Frans dice que ya no le duele el pie, del que se quejaba hace un tiempo. Una buena caminata en el aire puro del campo, mirando el paisaje congelado de las lagunas y el ejercicio constante de vencer la dificultad y el frío, todo eso libera las endorfinas y el pecho se ensancha con aire y con entusiasmo. Regresé fortalecida y hoy desperté contenta. Las nubes de tristeza y desaliento se han disipado.

Si no tienes un bosque a la mano, te recomiendo que busques un parque, un jardín, algún lugar donde haya plantas y animales, entonces anda allí y camina admirando la belleza de la naturaleza.