Ayer sábado quedamos con Frans para ir en bicicleta al mercado de Hilversum. Luego de tomar desayuno, cuando estaba a punto de salir de la casa, me fijé en el ramo de rosas que Frans me regaló por el día de la Madre. Increíble pero todavía estaban lindas, no sé si será el tipo de rosas o será la magia del amor. Me entraron unas ganas terribles de pintar. Frans comprendió y se fue sólo a Hilversum y yo saqué las pinturas y pinceles al jardín y puse manos a la obra bajo un parasol.

Era un día de esos que uno quisiera que duraran eternamente: el aire tibio, decenas de pajaritos viniendo a comer y tomando agua de la fuente de agua... uno de esos días paradisíacos en que los ángeles besan los pétalos y los espíritus de la naturaleza celebran fiesta. Me pude concentrar bien y terminé el cuadro, fui a la tienda a comprar yogurt y tuve tiempo de darme una vuelta por el polder. Cuando Frans regresó ya la pintura estaba seca. En la foto pueden ver el resultado.